viernes, 5 de enero de 2007

OSO Y YO



Podría escribir una novela larga como un best-seller de Ken Follet en el tiempo que me paso sumida en el tedio. Las mil y una tareas no realizadas por culpa de este tedio forzado me asaltan, me recriminan en silencio que las tenga ahí olvidadas y acunando colonias de ácaros.
Luego, cuando el día muere y las horas son mías y libres, veo como el minutero avanza implacable y devora mis alas con boca hambrienta y nocturna. Cantan a lo lejos los trenes de mercancías y llega la hora de los reproches y la prisa por encontrar un trozo de manta que nos abrigue a mí y a Oso. Coloco su felpa rosa gastada sobre mi hombro izquierdo y me protege de mordiscos inesperados de los vampiros que se hayan podido colar mientras aireaba las sábanas. Me sumerjo en el mar de las formas dudosas y los ruidos amortiguados de ladrones imaginarios o no, que escalan los balcones con aviesas intenciones. El perro de mi vecina francesa, anciana y alcohólica, un yorkshire faldero y eternamente al borde de la hiportemia, ladra ruidosamente dos pisos más abajo. La nevera se queja con un chasquido insomne y llega una respiración agitada filtrándose a través del tabique vecino, como papel de fumar. Mirada de rigor para controlar los asesinos que duermen debajo de las camas con cuchillos largos por almohada. Todo en orden. Apago la luz y le doy las buenas noches a Oso.

1 comentario:

lenoreanabel dijo...

Hola mi charolastrilla,
ya te tengo localizada!!!!! Qué bueno poder leerte. Me gusta tu osito. Escribe más cositas para que te las pueda leer. Petons mil.