
Me gustan los faros. No me siento nada especial por este nuevo descubrimiento de mi afición hacia esos objetos fálicos y solitarios. Sé que hay libros de faros, fotos de faros, cuadros de faros, excursiones a faros, foros de amantes de los faros ... En fin, que no estamos solos en el mundo, ni he descubierto nada nuevo bajo el sol. Me fascina contemplarlos y fotografiarlos, imaginar qué debían sentir sus antiguos moradores, cuando el progreso y la ciencia no habían desalojado de esos torreones desafiantes al hombre y todavía era necesario un ser vivo que cuidase de que su luz alumbrase siempre a los marineros que regresaban a puerto. Qué tal debían sentirse ahí dentro esos hombres solitarios. ¿Sentirían frío en las noches de viento? ¿Tendrían miedo de los mil y un sonidos que la soledad y el aislamiento proyectaban hacia ellos? ¿Serían hombres heridos huyendo de un pasado tan terrible que hacía imposible la vida en sociedad? ¿Quizá viejos lobos de mar acostumbrados a la única compañía del humo de una buena pipa y el rumor del oleaje? Me gustan los faros.
1 comentario:
Me alegro de que hayas recuperado tu blog y tu casa. Ya sabes que me encanta leerte y por aquí se te echaba de menos. Supongo que en algún que otro momento de nuestras vidas todos nos hemos sentido fareros en un faro perdido en el fin del mundo. Te llamo y quedamos para ir a tu playa. Besitos charolastrilla.
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