viernes, 12 de enero de 2007

Oso se hace mayor




Oso y yo hemos hecho las paces. Fue anoche. Estábamos en el sofá, él viendo la gala de OT y yo leyendo una revista, cada uno en un extremo. Habíamos cenado en silencio, con la vista baja, cada uno concentrado en su plato. Me levanté para ir al lavabo y cuando volví al comedor sentí frío, cogí la manta polar del sofá y me arropé con ella. Oso tironeó un poco de la manta y se tapó también. Me miró en silencio y una de sus patitas de felpa rosada me rozó un pie y me hizo cosquillas. Me reí sin poder evitarlo.
Ahora lo miro, mientras se acurruca junto a mi pecho como ha hecho siempre. Sus costuras están un poco gastadas tras tantos lavados, sus ojos parecen más abultados y pequeños. Y una pequeña calva le asoma en la oreja derecha, la que roza conmigo cuando dormimos. Sé que un día algún brazo o alguna pata se le caerá y tendré que cosérsela. Quizá pierda algún ojo en alguna batalla contra la lavadora. Ninguno de los dos queremos admitirlo, pero Oso se hace mayor. De momento, su naricita rozada sigue en buena forma.

1 comentario:

lenoreanabel dijo...

joer, como me gustan tus historias sobre oso y tú, esta me ha encantado, me he sonreído cuando te roza con la patita. me encanta. besitos.